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martes, 27 de enero de 2009

Hormigas por Javier González

Entre los reclamos y protestas que arreciaron la ciudad durante el transcurso de los últimos días, estuvo presente aquel dirigido a los profesionales y responsables de advertir, prevenir y planificar este tipo de situaciones. Ya nuestro anterior gobernador, cuando se produjo la aún más previsible inundación de 2003 salió a decir ante las pantallas del país que a él "nadie le había avisado". Y más allá que todos sabemos que él sabía, las complejas -o debiera decir nada complejas?- redes de la justicia nada hicieron por encontrar a los responsables de tanta agua y tanta muerte, de tanto daño causado a miles de santafesinos.
En esta ocasión, en este 2007, también se apeló a la imprevisibilidad de una lluvia excepcional para la época. En parte es cierto que en estos pocos días de marzo llovió más de la media anual en nuestra ciudad, pero la explicación -hay que aclararlo- no dejó satisfecho a nadie.
Lo que los profesionales y el Estado no sabían o no decían, intuitivamente o casi empíricamente lo sospechaban muchas personas.
Allá por noviembre de 2006
Andrés se mostraba muy alarmado. Había conseguido trabajo en la construcción de la circunvalación al noroeste de la ciudad y comentaba que había que monitorear el comportamiento del río Salado, porque estaba teniendo un crecimiento mucho mayor al que decía el gobierno y temía por el estado de las defensas. Investiguen, reclamaba, porque yo tengo miedo.
A principios del 2007
Ferrer, nuestro vecino jubilado, traía la novedad de que las hormigas estaban invadiendo nuevamente el barrio. Como en el 2003, las hormigas buscaban las partes altas de la ciudad, invadiendo jardines, árboles y canteros. Nada las combatía, ni el agua hirviendo de doña Celsa, ni los polvos venenosos ni los conjuros mágicos de la vieja Lydia.
Pero la situación era diferente a la de cuatro años atrás porque lo que aparecía amenazante no era el Salado sino el río Paraná.
La laguna Setúbal crecía día a día, devorándose las playas del este, desapareciendo con sus aguas marrones la escasa arena a las cuales se recurre para paliar un poco los efectos del caluroso enero santafesino.
Por ese entonces el Gobierno provincial se empeñaba en desmentirnos la percepción y por principios de marzo decía -por boca del Ministro de Asuntos Hídricos Alberto Joaquín- que militante políticos disfrazados de militantes sociales buscaban crear pánico en los vecinos de Santa Fe alertándolos sobre el peligro de una inundación inminente.
Quizás las hormigas, los militantes políticos disfrazados, Andrés o mi vecino Ferrer no terminaron de acertar cabalmente sus pronósticos, pero intuitivamente sabían -vaya uno a saber porqué- que alguna inundación se avecinaba.
El cambio climático no es sólo un tema para películas catástrofe, es una realidad y la causa no habrá que buscarla en la naturaleza sino en la lógica irracional y depredadora del capitalismo.
Solo nuestro entrerriano gobernador, Jorge Obeid intentó dejar "pegado" a Dios en la responsabilidad, quizás pensando que los jueces colocados por el poder político y económico, jamás se animarían a enjuiciarlo.
Casi como una confirmación de la crisis que atraviesa la Iglesia Católica argentina, sólo Monseñor Arancedo salió a defenderlo, "no le echen la culpa a Dios…" tronó la voz del representante eclesiástico.
Lástima que Gabo esté tan viejo, porque sólo él podría escribir una historia en la cual aparezcan involucrados un gobernador malhumorado y caprichoso, un monseñor cuestionado, una ciudad que se inunda, un intendente sospechado de corrupción, un venezolano que cobró muy buena plata por un plan de contingencia que nunca se aplicó, partidos políticos preocupados por cerrar sus listas de candidatos a las próximas elecciones, una ciudad amurallada para defenderse del agua pero sin bombas para evacuarla. Pero claro García Márquez escribe ficción y esto -lamentablemente- es parte de nuestra realidad.
Miles de personas siguen evacuadas, otras miles ocupan los techos de sus viviendas inundadas dispuestas a todo para evitar que otros pobres acaben con lo poco que el agua les permitió salvar. A tiros se defienden. Otros tantos realizan piquetes, cortan calles y avenidas, putean y son puteados, reclaman pero nadie escucha.
Otros menos se aprovechan, "cobran peaje", aprietan a otros vecinos, buscan consuelo en el alcohol y contribuyen, sin saberlo, a perpetuar la injusticia del sistema que los ha transformado en eso.
El agua sube, los políticos desaparecen. A diestra y siniestra, oficialismo y oposición pierden de golpe su capacidad verborrágica. Ya no hay grandes discursos, desaparecen los grandes proyectos, ya no hay polémicas preelectorales, ya no hay cámaras donde mostrarse.
Pero afortunadamente hay "democracia" y por ende elecciones. Y aunque sepamos que en realidad cuando votamos no elegimos nada, ellos también lo saben y entonces se pelean, se boicotean, discuten, se enfrentan, buscando ese lugar en la boleta electoral que, por pequeño que sea, les garantice un futuro tranquilo.
Pura adrenalina. ¿Cómo escapar a la irresistible tentación de pensar en un futuro sin penurias económicas, regada de billetes producto del "retorno" de la política?
No es el "Estado ausente", es el "Estado presente" el principal responsable de todas las penurias que asolan Santa Fe desde hace años. Un Estado rico, lleno de plata producto de la soja, ciudades inmensamente pobres y en decadencia, miles de trabajadores con empleos precarios y muy mal remunerados, sojeros en 4x4.
Hace años que burgueses y políticos del régimen han tomado partido, no están ausentes, están bien presentes a la hora de diseñar, apoyar y votar leyes y proyectos que gradualmente han ayudado a construir este presente nefasto. Y más allá que el 2001 había traído el reclamo de "que se vayan todos", todos se quedaron, se reciclaron, adecuaron su discurso y siguen en carrera, inmutables como si nada fuera responsabilidad de ellos.
Provincia millonaria, Santa Fe invencible, provincia sojera, ejemplo para el país, provincia desocupada, ciudad sin desagües, sin defensas, sin cloacas, sin bombas, ciudad inundada, revolución educativa.

sábado, 17 de enero de 2009

CRÓNICAS DEL AGUA

La gente tiene todavía muy cerca de la piel del espíritu la inundación de 2003. Ya habían hecho los bolsitos hace rato en los barrios del oeste. Es así de exagerada la gente, se acuerda de lo malo. Pero acá tenemos la facultad de ingeniería hídrica, ¿Cómo va a ocurrir de nuevo? Es la gente ignorante que ve crecer el Salado y se asusta, que ve cómo el Paraná llena la laguna que se va trepando despacito por los pilares del puente colgante, y se asusta. Pero no va a pasar nada, eso decían los que saben, los que observan las fotos satelitales y monitorean (les encanta decir "monitorean" las cotas de riachos y ríos). Nadie podía saber que el cielo se nos caería sobre las espaldas, sobre las cabezas, sobre los techos de losa o de chapa. Pero se cayó. Y cómo, me preguntaba en el salón de clases semidesierto mientras por las ventanas caía el cielo,cómo es que el agua que es tan pesada adentro de un balde está flotando allá en el cielo. Cómo es que un océano viaja por los cielos y esas toneladas etéreas caen así, tan desde arriba, tan compactas. Pero el cielo cayó y cayó y anunciaba con luces eléctricas, con avisos de catástrofe luminosos que seguiría cayendo. Y siguió cayendo. Cinco metros de agua cayeron en cada pequeño espacio de la ciudad y de las ciudades vecinas, y sobre el campo extenso.La temida inundación que nos cercaba por el este y por el oeste, retenida a fuerza de defensas, dio un salto y nos atacó desde arriba. Pero vino. La gente ignorante que la esperaba no se alegró por haber acertado contrariando los pronósticos de los catedráticos. A ellos les toca el dolor y la pérdida.Otra vez los mismos relatos. Cuatro años después. Cuatro años de tiempo en el que el Comité de Crisis y Defensa Civil debiesen haber trazado los planes que se revelan, otra vez,inexistentes. Vayan aquí algunos aguafuertes. acuarelas, me temo:Don Caballero y su mujer, en barrio Chalet. Ya tenían el bolsito preparado. La otra vez perdieron casi todo, él perdió, por mucho perder, hasta una pierna. Esta vez al menos prepararon los documentos y algo de ropa. Por la radio les dieron el lugar de concentración donde irían a buscarlos para la evacuación. Ese lugar estaba ya bajo agua. Y no fue nadie.El presidente de la vecinal consiguió unas canoas y así llegaron a tierra firme. De ahí, cada cual adonde pudiera ir.Un amigo del sobrino los fue a buscar con una camioneta y los llevó con hijo, mujeres y nietos a la casita donde se apiñaron ocho. Allá están. Por obra y gracia de los vecinos y familiares y desconocidos solidarios.Las artesanas en Esperanza sintieron un horrible zumbido que provenía del cielo. El sonido de las trompetas de los ángeles exterminadores, quizás. Se pusieron debajo del dintel de una puerta aguardando un aterrador tornado. Y el zumbido seguía intolerable, hasta que se inició el bombardeo atroz.Era granizo de un tamaño imposible, que destrozó todo.Mary fue rescatada de su casa con el agua a la cintura.En canoa. No se llevó nada. Es empleada doméstica. En el 2003 perdió todo. Ahora, cuando llegó al centro de evacuados, estaba con la ropa mojada y sin comida. Otra vez, otra vez con la nada por delante, con la certeza de haber perdido todo lo que pudo conseguir en estos cuatro años. Mojada y hambrienta, tan espantosamente sola.Myriam en el extremo norte de la ciudad, en el barrio transformado en una isla. Un amigo fue a hacerles una provista al supermercado, no pudo llegar con la camioneta 4por 4. Entonces un grupito de adolescentes salió en expedición a buscar víveres para varias familias. Tienen para hoy y para mañana. Después se verá. La arena para frenar el agua que le entra a los Zanelli por el fondo se las dio un avecina que estaba construyendo. Y tienen ganas de reírse todavía, y cuando pasó Tito todo de amarillo el Rober dijo vienen los Teletubis" y todos se reían. Y se reían cuando miraban con apetito la bolsa de arroz de la perra. Y todavía tiene espíritu científico Myriam, que me contó que la tortuga en el patio estaba paradita en la pared a 45 grados,alejándose unos centímetros, lo poco que podía pobrecita, del suelo amenazante.Y en los edificios de las Flores suben las cucarachas.Los alacranes salen en toda la ciudad de los sumideros. Los gorriones bajo la lluvia se comen las lombrices que afloran para no ahogarse en la tierra que está saturada de agua.Ya no llueve, pero se viene el agua que busca el cauce del río. Desde lejos se viene, atravesando campos. Quienes sobrevolaron la zona hablaron para la radio con una voz donde se nota el temblor involuntario.El caos se asienta, se decanta, va tomando la ciudad como la otra marea. Están los que cobran peaje en las avenidas, los que saquean a los que huyen con sus cuatro cositas y los pesos ahorrados. Los que en las escuelas que funcionan de centro de evacuados amenazan a las maestras que no tienen nada que ofrecerles y no saben de dónde fabricar colchones, o ropa, ocomida.Pero los de Defensa Civil, los funcionarios de la municipalidad, deliberan. Les sale bien eso de deliberar. Mientras tanto cada uno hace lo que puede y ayuda si puede y le dan las ganas y el coraje. Como hace cuatro años, como siempre, socorre el buen samaritano y las fichas se acomodan según van cayendo. Después escucharemos explicaciones razonables. No me cabe duda.
Mónica Russomanno